Sola.


Sola. A cualquier lado donde mire, el amor y la felicidad hinchan los pechos de los amantes. Medias naranjas, almas gemelas, ya no creo en aquello y mucho menos en el amor. Es absurdo ver a todas aquellas personas de la mano sumidas en su mundo de papel. Historias de príncipes azules, doncellas enamoradas, plebeyas que conquistan el corazón de aquel hombre más deseado, todas falsas ilusiones. Mariposas en el estomago, calor en el cuerpo, descargas eléctricas al unir las miradas, todo es pura hipocondría sentimental. Inexistente, así me siento en aquel mundo de fantasía, pero pese a no creer en el amor deseo sentirlo, experimentarlo con reciprocidad. Solo han jugado conmigo en este juego del corazón, he sido el peón mientras los demás eran reyes y permitían que me saliera del tablero, que me matasen sus acciones, mis contrincantes. Ahora anhelo estar algún día cómo aquellos amantes ignorantes, tomados de la mano, besando al otro, felices en una ficticia realidad. Ahora me convierto en otra enamorada del amor, aficionada al dolor, otra ilusa más.


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